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Es una enfermedad que se caracteriza por opacar el cristalino del ojo
humano. El cristalino actúa como un lente y tiene la función de enfocar
la imagen en la retina. La retina es un tejido sensible a la luz que
cubre la pared interna del ojo. Está formado por fibras y células
neurológicas
que se unen para formar el nervio óptico y así llevar las imágenes al
cerebro.
La catarata toma su nombre a partir de lo que ve el paciente que la sufre:
una intensa cortina de agua que impide la visión.
Causas
Las causas pueden ser diversas. La más común está relacionada con el avance
de la edad de cada persona. Por lo general, es una enfermedad que se produce
cuando el paciente supera los 60 años, aunque también puede aparecer a
otras edades.
La catarata es una enfermedad invalidante: al comienzo de la misma, impide
conducir automóviles. Cuando avanza, disminuye gradualmente la capacidad
visual de la persona, pudiendo llegar a provocar una ceguera funcional.
Se entiende por funcional aquella que da la sensación de haber perdido
por completo el sentido de la vista, cuando en realidad el órgano encargado
de esa función sólo se halla enfermo.
Diagnóstico
Varios factores permiten determinar la presencia de catarata: la visión
borrosa, el aumento de la sensibilidad a la luz, el deslumbramiento -especialmente
durante el día y al aire libre- y los cambios frecuentes de anteojos.
También, la visión doble en un solo ojo, la pérdida de percepción de los
colores y una visión nocturna pobre.
Tratamiento
El método de curación más efectivo actualmente es la cirugía.
El procedimiento consiste en extraer el cristalino con una pequeña incisión.
En su lugar se implanta una lente intraocular que ha sido previamente
medida para corregir la falta del cristalino y solucionar total o parcialmente
el defecto óptico de una pobre visión cercana.
Hasta hace unos pocos años la cirugía requería una internación prolongada
y una lenta recuperación. En el presente, con la aparición de nuevas técnicas
y la utilización de tecnologías de última generación, la cirugía se ha
vuelto sumamente confiable y tiene una duración no mayor de los 15
minutos. Se
utiliza anestesia tópica: con gotas y sin inyecciones. El paciente prácticamente
no sufre molestias y su rehabilitación visual es rápida en la mayoría
de los casos. En el mismo día de la operación recupera parcial o totalmente
la visión. Esta cirugía se realiza con ultrasonido y no con láser, según
una creencia muy difundida.
En cualquier caso, la operación es recomendable cuando la pérdida de visión
sea tal que le impida al paciente desarrollar una vida normal.
Por otro lado, no es preciso que la catarata "madure" para llegar a utilizar
la cirugía.
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